Lección 5












Nuestro pequeño consejo, resultado de nuestra experiencia:
Toma el libro de texto y ábrelo al azar, o si lo tienes en PDF, desliza el ratón por el cursor al azar. Allá donde se detenga, eso es lo que el Espíritu Santo/Jesús te aconseja poner atención. Aunque quizás no te lo parezca, te ayudará en la práctica de la lección de hoy. ¡Disfruta!


Esta idea, al igual que la anterior, puede aplicarse a cualquier persona, situación o acontecimiento que creas que te está causando dolor. Aplícala específicamente a lo que, según tú, es la causa de tu disgusto, y usa, para describir el sentimiento, el término que te parezca más preciso. El disgusto puede manifestarse en forma de miedo, preocupación, depresión, ansiedad, ira, odio, celos o un sinnúmero de otras formas, y cada una de ellas se percibirá como algo diferente. Mas no es cierto que sean diferentes. Sin embargo, hasta que aprendas que la forma no importa, cada una de ellas constituirá materia apropiada para los ejercicios de hoy. Aplicar la misma idea a cada una de ellas por separado es el primer paso que te lleva a reconocer finalmente que todas ellas son lo mismo.

Al aplicar la idea de hoy a lo que percibas como la causa específica de cualquier forma de disgusto, usa el nombre del disgusto de que se trate, así como la causa que le atribuyes. Por ejemplo:

No estoy enfadado con ___ por la razón que creo.
No tengo miedo de ___ por la razón que creo.

Pero una vez más, esto no debe substituir a las sesiones de práctica en las que primero examinas tu mente en busca de lo que crees son las "causas" del disgusto, y las formas de disgusto que, según tú, resultan de ellas.

En estos ejercicios, incluso más que en los anteriores, es posible que te resulte más difícil ser imparcial y evitar concederles más importancia a unos temas que a otros. Tal vez te resulte útil encabezar los ejercicios con la siguiente afirmación:

No hay disgustos pequeños.
Todos perturban mi paz mental por igual.

Luego busca en tu mente cualquier cosa que te esté afligiendo, independientemente de si te está afligiendo poco o mucho.

Es posible también que te sientas menos dispuesto a aplicar la idea de hoy a algunas de las causas de los disgustos que percibes que a otras. De ocurrir eso, piensa en primer lugar en lo siguiente:

No puedo conservar esta forma de disgusto y al mismo tiempo desprenderme de las demás.
Para los efectos de estos ejercicios, pues, las consideraré a todas como si fuesen iguales.

Escudriña luego tu mente durante un minuto más o menos y trata de identificar las diferentes formas de disgustos que te estén perturbando, haciendo caso omiso de la relativa importancia que tal vez les atribuyas. Aplica la idea de hoy a cada una de ellas, usando el nombre de la causa del disgusto tal como la percibas, y el del sentimiento tal como lo experimentes. Los siguientes son ejemplos adicionales:

No estoy preocupado acerca de ___ por la razón que creo.
No estoy deprimido acerca de ___ por la razón que creo.

Tres o cuatro veces al día será suficiente.

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El vídeo que puedes ver aquí abajo, contiene la lección de hoy comentada por Ken Wapnick.  Este material es de una gran ayuda pero es más fácil de seguir si tienes una cierta familiaridad con los conceptos básicos del curso.


Apoyo lección 5: Nunca estoy disgustado por la razón que creo.

Si el mundo que ves es tu propia ilusión mental, entonces, nunca estás disgustado por la razón que crees. En vez de pensar (correctamente) que todo eres tú, piensas (erradamente) que existe un mundo separado de ti, crees que te disgustas por lo que tu vecino te ha hecho, crees que te disgustas porque el gato orinó donde no debía, crees que te disgustas porque un familiar enfermó, etc., porque crees que la causa de todos tus problemas es externa a ti, crees que tú eres el efecto, la “víctima”, y lo crees porque escuchas y sigues la voz del ego (te identificas con él al elegir pensar que todo está separado de ti).

La única manera de deshacer todos tus “problemas” es elegir pensar como el Ser que en verdad Eres: todo está unido a ti, todo es parte de tu Ser, un Ser que no tiene nada que ver con el cuerpo, un Ser que no puede ser “aprisionado” en un cuerpo porque es infinito e ilimitado. Si todo es parte de ti lo que creías verdad no lo es, los “problemas” dejan de serlo porque empiezas a verlos desde otra perspectiva. No solo aprendes a identificarte con Quien en verdad Eres sino que, al hacerlo, estás eligiendo escuchar y seguir la Guía del Espíritu Santo quien te mostrará en todo momento lo que es verdad y lo que es ilusión ayudándote en este camino de despertar.

El Espíritu Santo te enseña, hasta que lo aceptas como cierto, que todos tus disgustos provienen de dar valor a la forma, cuando la forma es una ilusión de tu propia mente que se cree ego y que lo único real es tu Ser. Lo que necesitas es recordar Quién Eres y no tratar de resolver tus "problemas" desde la ilusión, desde lo que no eres.

La causa de todo lo que experimentas se encuentra en tu propia mente. Si tu mente se cree mente-ego (mente separada de Dios), en vez de lo que realmente ES: mente-Hijo de Dios, (mente unida a Dios), entonces, cada experiencia tuya pasa por el filtro del ego. Tu mente-ego no quiere tu felicidad sino tu muerte. 

Cada vez que te disgustas es porque te has atacado a ti mismo, has pensado que eres algo distinto a Quien en verdad Eres. Tu mente-ego no acepta que la separación nunca sucedió, porque si lo hiciera él dejaría de existir. 

No te das cuenta de que todos tus ataques al cuerpo en realidad son ataques a ti mismo porque niegas que los demás cuerpos sean en realidad tú.  Estás tan aferrado a la idea de que eres un ser separado, un cuerpo, y que tu mundo es un mundo de cuerpos separados, que por ti mismo te es imposible “escapar” de tu propia cárcel, pues aunque pongas de tu parte para pensar como el Ser que en verdad Eres, el ego no cesa de proyectar pensamientos de ataque porque no quiere que despiertes y te hará volver a pensar que todo está separado de ti una y otra vez, por eso precisas de la Ayuda del Espíritu Santo, porque él puede ver el sueño “por encima del campo de batalla”, puede recordarte (a través de cualquier cuerpo) la Verdad para que vuelvas a pensar como Hijo de Dios enseñándote cómo usar la llave del perdón.

El sueño de separación es una pesadilla plagada de disgustos que aparentan ser “diferentes”. Aún cuando el ego te enseña a distinguir niveles de disgustos para que creas que hay cuerpos más importantes (“especiales”) que otros y des valor a la separación, si el cuerpo es una ilusión, eso significa que no importa el tipo de disgusto que tengas, todos ellos se deben a lo mismo: a que crees ser un ego, un ser separado. Estás dando valor a la ilusión y dejas de lado la Verdad de Quién Eres. 

Siempre estás disgustado debido a tu manera de percibir el mundo, lo percibes como algo que no eres. No sentirías ningún disgusto sino plena felicidad si todo lo vieras como parte de ti, dejarías de juzgar porque comprenderías que todo es el Hijo de Dios. 

Jesús no te pide que cambies ahora mismo de manera de pensar porque entiende que estás aún muy aferrado a tu creencia en que eres un ego, un ser separado de Dios, pero sí te anima a que observes cada situación que te perturba desde tu corazón, ¿Qué sientes? si lo que sientes no es Amor, sólo tienes que pedir que quieres ver eso de otra manera. No tienes porqué quedarte con lo que te dice el ego sino que puedes ver eso con el Espíritu Santo, la Presencia del Amor en tu corazón. 

Estás dispuesto a pedir ayuda, lo que significa que estás dispuesto a aceptarla, y por eso la obtienes. Cuando no estás dispuesto a aceptar ninguna ayuda es porque te identificas con el ego, crees que puedes hacer todo por ti mismo, sin la ayuda de Dios, y cuando no estás dispuesto a escuchar Su Voz no puedes recibir Su Respuesta. Aprenderás, a medida que avances con el curso, a distinguir tus verdaderos pensamientos (los pensamientos que piensas con Dios) de tus pensamientos errados, y a no dar valor a lo que el ego te dice.

La lección de hoy te lleva a ser consciente de que siempre piensas que la causa de tu disgusto es algo externo a ti, no es lo que sucede "afuera" lo que te disgusta, lo que te disgusta es debido a lo que estás pensando. Piensas como un ser separado, y no lo eres, ahí radica tu error de percepción. Una vez aprendas, con la ayuda del Espíritu Santo, a distinguir ese error y a corregirlo, estarás listo para perdonar tus ilusiones.

“Todavía tienes muy poca confianza en mí, pero ésta aumentará a medida que recurras más y más a mí—en vez de a tu ego—en busca de consejo. Los resultados te irán convenciendo cada vez más de que ésta es la única elección cuerda que puedes hacer. Nadie que aprenda por experiencia propia que cierta elección le brinda paz y alegría, mientras que otra le precipita al caos y al desastre, tiene más necesidad de persuasión.” UCDM

"Sólo tú puedes privarte a ti mismo de algo. No resistas este hecho, pues es en verdad el comienzo de la iluminación." UCDM



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